Comentarios sobre la pluma de Carlos Martínez Durán en el discurso fundacional de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe

Por Analhi Aguirre

Cuando al Rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Dr. Carlos Martínez Durán, le toca dar el “Discurso de bienvenida para las delegaciones al Primer Congreso de Universidades Latino Americanas”, tiene 43 años. Este dato es relevante si pensamos que Martínez Durán nace en 1906, precisamente en el momento que el primer movimiento literario latinoamericano ya casi llega a su fin: el Modernismo.

Rubén Darío, su mayor representante, había publicado en 1905, Cantos de vida y esperanza, una obra que significaba el fin de las letras modernistas, que ya se estaba empalmando con las vanguardias y que su espacio se complicaba cada vez más en nuestra literatura. Debido a su “rebuscado” y no comprendido estilo, el Modernismo fue criticado y prácticamente clausurado. No obstante, sabemos que no sólo se trató de la primera exportación latinoamericana literaria hacia España, sino también que su impronta se quedó en buena parte de la literatura latinoamericana. Las palabras de Martínez Durán en ese primer discurso evidencian una prueba irrefutable. Basta leer sus fragmentos iniciales: “Quieta y pacífica, a campana tañida, en haz y en paz de todos, fundóse (…) en 1681, la Universidad de San Carlos, de orgullo blasón (…). Bajo este dosel de tradiciones irrenunciables (…), bajo el noble patrocinio de una libertad y autonomía (…), bajo la fraternidad espiritual de esta América Latina nuestra y sólo nuestra, sitúo este Primer Congreso de Universidades Latinoamericanas”.

Studium

El poeta nicaragüense está presente en la cadencia, blasón y estilo poético bien adornado del Rector. Sin embargo, además, leemos, por supuesto a José Martí tan enfático y “artificioso” con su preliminar texto modernista: “Nuestra América” (1891): “no hay odio de razas, porque no hay razas”. No por nada, la pluma de Martínez Durán había participado del diario guatemalteco “El Imparcial” y de la revista universitaria “Studium”.

Para reafirmar aún más el valor de la escritura de este documento de archivo tan preciado por ser el comunicado inaugural de nuestra Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, he aquí un breve pasaje del prólogo de “El canto errante” (1907), una vez más, en la voz de Rubén Darío: “No. La forma poética no está llamada a desaparecer, antes bien a extenderse, a modificarse, a seguir su desenvolvimiento en el eterno ritmo de los siglos”. A pesar de ser un “meteco”, como dice él, le toca iniciar el Modernismo – y por cierto, también, colaborar en el “El Imparcial”: “hoja gloriosa desde días memorables en que ofreciera sus columnas a pareceres estéticos de maestros hoy por todos venerados y admirados”, dice Darío en el prólogo ya citado- que todavía descubrimos en este discurso de Martínez Durán, incluyendo ese brío latinoamericano que iba tomando fuerza en aquellos años esenciales para nuestra región.

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